¿Alguna vez notaste aquella sensación por la cuál no te importaría que fuera de día? ¿o de noche? Un beso se puede recibir en cualquier momento, nunca se es suficientemente querido ni suficientemente amado.
Además, ¿qué darías tú por un beso? Uno de esos que te dejan sin aliento. Sí, de esos. A veces, y sólo a veces, se llegan a echar de menos.
Es aquel rostro el que aclama
tras una lágrima y mil susurros,
lamentos y engaños y sollozos,
perdida, naufragada en su mundo...
Es aquella sonrisa
¿perfecta? ¿feliz? ¿tímida?
¿carismática? ¿pícara?
Para nada, es sincera; es vida.
Encontré aquella flor en mi jardín,
distinta, color jazmín gris,
y tumbado inconsciente dispuse un beso
sobre su mejilla, cual ligera presión,
cual pájaro desea volar
y se lanza al vacío una y otra vez,
así deseo yo, y nada más,
imaginarte y volverte a ver,
olvidarte... para volverte a querer.
domingo, 29 de enero de 2012
sábado, 21 de enero de 2012
No es la primera vez.
Sentado. Con su pluma de plata en la mano. Y sus folios aún en blanco, se preguntaba aún si era una buena idea. De repente, un torrente, una cascada de ideas le vino a la mente, tan fuerte, que casi se cae de la cama. Sí, escribía en la cama, por si cuando durmiera, los sueños le aportaban buenas ideas. O tristes. O felices. Mientras fueran ideas...
No supo reaccionar a tal violenta situación, y como vino, se fue. Se reincorporó, empezó a escribir nombres, fechas, lugares, paisajes... horas perdidas tras 110 folios con miles de apuntes, sin ninguna conexión aparente entre ellos: Shane, Cataratas del Niágara, Toronto, El Cairo, Jack, Sydney, La Muralla China, Jenniffer, Victoria, La Selva del Amazonas, Michael, Los lagos noruegos, El Gran Gañón... Miles y miles de ellos.
No supo reaccionar a tal violenta situación, y como vino, se fue. Se reincorporó, empezó a escribir nombres, fechas, lugares, paisajes... horas perdidas tras 110 folios con miles de apuntes, sin ninguna conexión aparente entre ellos: Shane, Cataratas del Niágara, Toronto, El Cairo, Jack, Sydney, La Muralla China, Jenniffer, Victoria, La Selva del Amazonas, Michael, Los lagos noruegos, El Gran Gañón... Miles y miles de ellos.
En cambio, un extracto de su magnífica y mejor obra, la he conseguido colocar aquí.
- No sería la primera vez que escribo. Tampoco sería la primera vez que canto, que bailo, que me entretengo tumbado en el césped del campo. Tampoco sería la primera vez que me diera cuenta de algo que intentaba tapar una y otra vez. Pero esta vez es diferente.
Tan diferente, pero a la vez un viejo conocido. No es la primera vez que nos encontramos, ¿verdad?
+ ...
- Sí, claro, lo que yo esperaba. Bien, señor... ¿me puedo dirigir a usted así? El caso: da igual. Usted es capaz de cambiar de mil caras, de mil aspectos, de mil maneras de personalidad, pero siempre nos encontramos. Dígame, ¿demasiada casualidad? ¿O es causalidad?
+ ...
- ¿No pretende cooperar? Esto se le va a hacer muy duro, "señor". De aquí no me iré sin obtener una respuesta. Y como usted ya sabe, o debería saber, mi vida es mi trabajo, mi presente y mi futuro.
+ ¿Y su pasado?
- ¿Cómo? ¿Por fin habla? Es que estaba despistado...
+ ... pensando en su pasado.
- ¿Pero qué...?
+ No se engañe, a mi no puede mentirme. Su pasado ha marcado su presente. Acéptelo.
- NO ME INTENTE LIAR, AQUÍ SOY YO EL QUE HACE LAS PREGUNTAS, EL QUE EJECUTA LAS ACCIONES CORRESPONDIENTES, EL QUE LE PUEDE DEJAR MALHERIDO SI QUISIERA, EL QUE PUEDE JODERLE LA VIDA PARA EL RESTO DE SU EXISTENCIA SI ME LO PROPONGO, ¡¡¿¿ME HA ESCUCHADO CON CLARIDAD??!!
+ ... ¿De verdad sería usted capaz de hacer daño a su propio corazón...?
domingo, 15 de enero de 2012
Creo.
Hoy no estoy para historias. Hoy quiero afrontar la verdad. Bueno, la verdad no; la certeza.
La certeza de saber que no estoy muerto, de que sigo sintiendo el aire que es agitado mínimamente por el aleteo de una mariposa. Quiero sentir cada centímetro del agua que bebo, cada segundo de música que escucho, quiero sentir sobre mi pecho tu cabeza al escuchar a mi palpitante corazón, quiero sentir la creación, la composición al ir directa de mi mente a mis dedos, a mis ojos, a las lágrimas que me provocan... ¿Seré el único "escritor" que "llora" por lo que escribe?
Imagino que la verdad es más relativa que la subjetividad. Y digo imagino, sabiendo que saber si algo es cierto o no es más fácil. Y más para el ser humano. Aunque la certeza, aún siendo cierta, también tiene una pizca de relatividad... Pero bueno, no voy a pegarme un tiro por rayarme con cosas de esta índole.
Eso sí, no me habré rayado veces por los sentimientos, que ni son una disciplina a la que someter a estudio.
Creo que estoy harto. De mí mismo. De mi egocentrismo, de mi charlatanería, de ser quien no soy a ratos, de estar irreconocible, de pensar mil cosas y no decantarme por nada, de vivir al límite jugándome miles de sonrisas perdidas...
Creo, y sólo creo, que estoy harto de haber tomado un camino diferente. No digo que me arrepienta, cosa que sí me he dado cuenta que cuenta más el cambiar que pedir perdón y arrepentirse por un acto. Uno necesita de nuevo volver a un camino, ¡miento!, quiero decir, hacer un camino nuevo, basándome en los errores, en lo que aprendo, al día a día.
Lo mejor de todo esto, es que me quedo muy agusto. Pero no tan agusto como me gustaría, por "desgracia".
Otra vez me tiro de los pelos
¿por qué? porque mi mente necesita,
a la vez que mi alma y mi cuerpo,
algo a lo que aferrarse,
como por ejemplo a la droga de un beso.
No un beso cualquiera,
no, a uno que echa de menos,
que sabe cómo es, cómo sabe,
como hiptoniza, como dice un "te quiero"...
y eso que nunca ha probado esos labios,
que a gritos le ordenan, y sin miedo,
que aguarde el momento oportuno
para poder declarar en sólo el primer beso
todo, todo lo que siente, padece,
ruge, susurra, piensa y lo que, otra vez, quiere...
Y el problema es que sólo quiere tu besos.
Don't you let me down...(8)
La certeza de saber que no estoy muerto, de que sigo sintiendo el aire que es agitado mínimamente por el aleteo de una mariposa. Quiero sentir cada centímetro del agua que bebo, cada segundo de música que escucho, quiero sentir sobre mi pecho tu cabeza al escuchar a mi palpitante corazón, quiero sentir la creación, la composición al ir directa de mi mente a mis dedos, a mis ojos, a las lágrimas que me provocan... ¿Seré el único "escritor" que "llora" por lo que escribe?
Imagino que la verdad es más relativa que la subjetividad. Y digo imagino, sabiendo que saber si algo es cierto o no es más fácil. Y más para el ser humano. Aunque la certeza, aún siendo cierta, también tiene una pizca de relatividad... Pero bueno, no voy a pegarme un tiro por rayarme con cosas de esta índole.
Eso sí, no me habré rayado veces por los sentimientos, que ni son una disciplina a la que someter a estudio.
Creo que estoy harto. De mí mismo. De mi egocentrismo, de mi charlatanería, de ser quien no soy a ratos, de estar irreconocible, de pensar mil cosas y no decantarme por nada, de vivir al límite jugándome miles de sonrisas perdidas...
Creo, y sólo creo, que estoy harto de haber tomado un camino diferente. No digo que me arrepienta, cosa que sí me he dado cuenta que cuenta más el cambiar que pedir perdón y arrepentirse por un acto. Uno necesita de nuevo volver a un camino, ¡miento!, quiero decir, hacer un camino nuevo, basándome en los errores, en lo que aprendo, al día a día.
Lo mejor de todo esto, es que me quedo muy agusto. Pero no tan agusto como me gustaría, por "desgracia".
Otra vez me tiro de los pelos
¿por qué? porque mi mente necesita,
a la vez que mi alma y mi cuerpo,
algo a lo que aferrarse,
como por ejemplo a la droga de un beso.
No un beso cualquiera,
no, a uno que echa de menos,
que sabe cómo es, cómo sabe,
como hiptoniza, como dice un "te quiero"...
y eso que nunca ha probado esos labios,
que a gritos le ordenan, y sin miedo,
que aguarde el momento oportuno
para poder declarar en sólo el primer beso
todo, todo lo que siente, padece,
ruge, susurra, piensa y lo que, otra vez, quiere...
Y el problema es que sólo quiere tu besos.
Don't you let me down...(8)
sábado, 14 de enero de 2012
Día a día.
Otra vez. Salgo de aquí, con la música preparada.Marcho caminante, distraído con lo insignificante: baldosas por las que camino, los pájaros apostados en las finas ramas de los abetos que decoran de forma otoñal la calle, la mirada de una chica al cruzarnos... [otra canción de David Guetta en los 40... ¿qué pasa? ¿Solo hay temazos suyos o qué? Agh...].
Me senté y empecé a pensar, como siempre, en el mismo lugar, pero no siempre a la misma hora. Pensamientos venideros y otros de vacaciones, algunas preguntas estúpidas también (¿tendrán las chinas el mismo gusto para los chinos? Si son todos "iguales") y el instinto del sabor vainilla de mi próximo purito.
Se acabó lo que se daba y me traslado, echo a andar de nuevo y me vuelvo a sentar. Esta vez fue a peor. Pené en tí. Y en tí. Y en tí de nuevo. Una vez más y otra vez deseando verte, besarte, una vez más con "ganas" de llorar, de reír, de gritar, de saltar, patalear, correr, abrir los brazos... de sentirme libre.
Libre de "querer", libre de pensar en tí (y no echarte de menos en ningún momento) sin remordimientos, de que pasen cosas que no están planeadas...
...como un beso, incluso una caricia, una mirada; incluso una sonrisa...
Me levanto de nuevo, dejo de penar y lo escribo unas horas más tarde.
Nunca es demasiado tarde
dicen los positivistas,
hoy podría ser Martes
para que me regalaras un beso egoísta,
alegra, divertido y sastre
de mi alma perdida
en mil pedazos, tanto en Marte
como puede estar muerta en vida...
¡Y sólo, sólo tú, preciosa,
bella y hermosa
musa de mi alma!
Tú, encargada de encontrar
por tierra y por la mar
mi alma que tiene necesidad
de un corazón al que amar
y unos labios que besar...
Vete, vete en su busca
hay tantos lugares, destinos,
vete, que yo seguiré aquí vacío...
Me senté y empecé a pensar, como siempre, en el mismo lugar, pero no siempre a la misma hora. Pensamientos venideros y otros de vacaciones, algunas preguntas estúpidas también (¿tendrán las chinas el mismo gusto para los chinos? Si son todos "iguales") y el instinto del sabor vainilla de mi próximo purito.
Se acabó lo que se daba y me traslado, echo a andar de nuevo y me vuelvo a sentar. Esta vez fue a peor. Pené en tí. Y en tí. Y en tí de nuevo. Una vez más y otra vez deseando verte, besarte, una vez más con "ganas" de llorar, de reír, de gritar, de saltar, patalear, correr, abrir los brazos... de sentirme libre.
Libre de "querer", libre de pensar en tí (y no echarte de menos en ningún momento) sin remordimientos, de que pasen cosas que no están planeadas...
...como un beso, incluso una caricia, una mirada; incluso una sonrisa...
Me levanto de nuevo, dejo de penar y lo escribo unas horas más tarde.
Nunca es demasiado tarde
dicen los positivistas,
hoy podría ser Martes
para que me regalaras un beso egoísta,
alegra, divertido y sastre
de mi alma perdida
en mil pedazos, tanto en Marte
como puede estar muerta en vida...
¡Y sólo, sólo tú, preciosa,
bella y hermosa
musa de mi alma!
Tú, encargada de encontrar
por tierra y por la mar
mi alma que tiene necesidad
de un corazón al que amar
y unos labios que besar...
Vete, vete en su busca
hay tantos lugares, destinos,
vete, que yo seguiré aquí vacío...
viernes, 6 de enero de 2012
Sólo importas tú.
- ¿Y si te dijera que no puedo dejar de pensar en tu sonrisa? ¿Y en tus labios? ¿Y en tus ojos? Ojos de un color verde esmeralda, intensos pero apaciguados, ardientes pero fríos, felices pero enfadados, vivos pero perdidos... perdidos en una sumisa capa de confusión que se alterna con los pensamientos, pensamientos que ocultan y marcan, sienten y padecen las alegrías de un corazón firme pero con sentido común. Un sentido que no todos tienen y una firmeza que se cae a pedazos a cada cambio de variable que sucede al tiempo y al momento concreto. Para otros, solo son unos ojos verdes, mientras que no saben lo que en ellos se alberga: esperanza. Y no tiene que ver con el color, pero sí lo que espera del futuro, lo que quiere que ocurra, aunque sólo lo sepas tú.
¿Y si te dijera que no puedo dejar de pensar en tu pelo? ¿Y en tus orejas? ¿Y en tus manos? Manos pequeñas e imperfectas, imperfectas por los actos que realizan y otros a los que desobedece. Suplican una consideración, una recompensa por todo lo bueno que han hecho, ignorando lo malo. Cuántas botellas habrás cogido con ellas, cuántas tareas por el mal camino te han llevado, desde un mísero paseo hasta una simple caricia por mi brazo. Y te enfadas contigo misma porque ni tú sabes qué hacer con ellas. Las manos son solo simples herramientas para llevar acabo acciones. Que luego te arrepientas, es cosa tuya, pequeña.
¿Y si te dijera... que las cosas no son lo que parecen? Que si me enfado, es por tu bien; que si me río, es por tu bien; que si sonrío, bailo, canto, y vuelvo a sonreír... Es por mi bien. Y nunca, nunca, nunca, jamás pienses que eres menos que nada, que eres menos que un vacío existencial, porque sólo tú puedes saber cuánto puedes llegar a valer. Porque el qué dirán es tan relativo como el sacarse un moco: sólo te tiene que importar lo que tú hagas y la razón. Sólo Importas TÚ. Y a diferencia de esto, a muchas personas les vas a importar, ya sea por el motivo que sea, fuera o fuese.
¿Y si te dijera... que me moriría por besar esos labios? Por desgracia, te estaría mintiendo. Porque ya estoy muerto cada vez que no ocurre semejante evento. Y me da rabia no poder confiar en hacerlo. Nunca llegaré a un acuerdo conmigo mismo para poder volver a realizar eso. ¿Miedo? Sí. ¿A qué? A todo... aunque es una forma muy buena de abreviar. Simplemente, (si es que alguna vez esto es simple) un segundo no representa nada. Y solo necesitaría un segundo para poder volver a empezar. Y tú necesitarías más de uno para poder volver a empezar. Matemáticas puras. Mediante la ciencia, esto no se puede resolver.
+ ¿Desde cuando la ciencia puede resolver conflictos sentimentales?
- Desde que se cree que puede con todo, cuando a los sentimientos hay que hacerles el menor caso posible.
+¿Por qué? ¡Si es bonito querer, y sentirse querido!
- Yo no quiero. Yo, como cualquier ser humano, necesito.
¿Y si te dijera que no puedo dejar de pensar en tu pelo? ¿Y en tus orejas? ¿Y en tus manos? Manos pequeñas e imperfectas, imperfectas por los actos que realizan y otros a los que desobedece. Suplican una consideración, una recompensa por todo lo bueno que han hecho, ignorando lo malo. Cuántas botellas habrás cogido con ellas, cuántas tareas por el mal camino te han llevado, desde un mísero paseo hasta una simple caricia por mi brazo. Y te enfadas contigo misma porque ni tú sabes qué hacer con ellas. Las manos son solo simples herramientas para llevar acabo acciones. Que luego te arrepientas, es cosa tuya, pequeña.
¿Y si te dijera... que las cosas no son lo que parecen? Que si me enfado, es por tu bien; que si me río, es por tu bien; que si sonrío, bailo, canto, y vuelvo a sonreír... Es por mi bien. Y nunca, nunca, nunca, jamás pienses que eres menos que nada, que eres menos que un vacío existencial, porque sólo tú puedes saber cuánto puedes llegar a valer. Porque el qué dirán es tan relativo como el sacarse un moco: sólo te tiene que importar lo que tú hagas y la razón. Sólo Importas TÚ. Y a diferencia de esto, a muchas personas les vas a importar, ya sea por el motivo que sea, fuera o fuese.
¿Y si te dijera... que me moriría por besar esos labios? Por desgracia, te estaría mintiendo. Porque ya estoy muerto cada vez que no ocurre semejante evento. Y me da rabia no poder confiar en hacerlo. Nunca llegaré a un acuerdo conmigo mismo para poder volver a realizar eso. ¿Miedo? Sí. ¿A qué? A todo... aunque es una forma muy buena de abreviar. Simplemente, (si es que alguna vez esto es simple) un segundo no representa nada. Y solo necesitaría un segundo para poder volver a empezar. Y tú necesitarías más de uno para poder volver a empezar. Matemáticas puras. Mediante la ciencia, esto no se puede resolver.
+ ¿Desde cuando la ciencia puede resolver conflictos sentimentales?
- Desde que se cree que puede con todo, cuando a los sentimientos hay que hacerles el menor caso posible.
+¿Por qué? ¡Si es bonito querer, y sentirse querido!
- Yo no quiero. Yo, como cualquier ser humano, necesito.
lunes, 2 de enero de 2012
La muerte de un sueño.
Primera entrada del año nuevo.
...Cerrado a aceptarlo. Cerradísimo. Porque nunca el negro fue totalmente negro, ni el blanco, blanco: ni siquiera el gris. Es tan no-real que me engaña. "¡Más alto, más fuerte!" decía el niño a su abuelo. Y la mirada perdida tras un último beso, tras su marcha, tras el frío de Noviembre. Y las opciones no eran muchas. Las esperanzas tampoco...]
Todo tiene un orden, una norma, un sentido a organizarse. Excepto si unimos la cabeza (razón) con el corazón (alma, sentimientos y demás). Este resultado es la única excepción conocida al orden que crea el ser humano. Es tan necesaria como mortal. Los expertos dicen que es química. Otros dicen que es la naturaleza propia. Y ninguno tiene ni puta idea. Demasiada profesionalidad y poco sentido común.
Íbamos caminando por la acera, impasible frío, y a escasos metros una cantidad de arena caliente que me pedía tumbarme y jugar. ¿Tumbarnos? Eso no iba con 'nosotros'. De la singularidad a lo plural tras un beso, uno tras otro secuenciados en su mejilla; primero en una y luego en otra. La oratoria de un te quiero minimizado a una mirada, a un abrazo, a una caricia, y tumbados en la arena, me volviste a besar. Y tumbado en mi cama, estúpidamente soñando esto, sonreí y lloraba. En silencio...
No estoy diciendo que LO SIENTO, porque algún día, probablemente, nos volveremos a encontrar.
...Cerrado a aceptarlo. Cerradísimo. Porque nunca el negro fue totalmente negro, ni el blanco, blanco: ni siquiera el gris. Es tan no-real que me engaña. "¡Más alto, más fuerte!" decía el niño a su abuelo. Y la mirada perdida tras un último beso, tras su marcha, tras el frío de Noviembre. Y las opciones no eran muchas. Las esperanzas tampoco...]
Todo tiene un orden, una norma, un sentido a organizarse. Excepto si unimos la cabeza (razón) con el corazón (alma, sentimientos y demás). Este resultado es la única excepción conocida al orden que crea el ser humano. Es tan necesaria como mortal. Los expertos dicen que es química. Otros dicen que es la naturaleza propia. Y ninguno tiene ni puta idea. Demasiada profesionalidad y poco sentido común.
Íbamos caminando por la acera, impasible frío, y a escasos metros una cantidad de arena caliente que me pedía tumbarme y jugar. ¿Tumbarnos? Eso no iba con 'nosotros'. De la singularidad a lo plural tras un beso, uno tras otro secuenciados en su mejilla; primero en una y luego en otra. La oratoria de un te quiero minimizado a una mirada, a un abrazo, a una caricia, y tumbados en la arena, me volviste a besar. Y tumbado en mi cama, estúpidamente soñando esto, sonreí y lloraba. En silencio...
No estoy diciendo que LO SIENTO, porque algún día, probablemente, nos volveremos a encontrar.

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