Es posible que escriba por que esté enfadado. Furioso. O simplemente porque me apetece, como siempre. Tengo una cualidad que es no dejar de pensar y no dejarme llevar. Planear todo y que todo salga como quiero que salga. Y que si meto la pata, me prometo a mi mismo no volver a fallar. Pero siempre se cometen fallos, despistes, errores de cálculo.
Las circunstancias no son las idóneas. La idoneidad, como la suerte, hay que buscarla. Unos se buscan su mala suerte y otros directamente, tienen suerte. A parte de buscársela, digo. Supongo que ser extrovertido y simpático no es si no la búsqueda para no estar solo la mayoría del tiempo. Pero viene bien estar solo. Aprendes de ti mismo.
Supongo que muchas personas no se dejan llevar tan fácilmente, que tienen miedo a probar cosas nuevas, a intentar arriesgarse. El vacío es algo que nos espera desde que nacemos, y supongo que nosotros somos los que tenemos que coger las riendas y tirar hacia delante. El riesgo es aquello que deseamos hacer o que no nos importaría hacer para conseguir algo que valoramos... quizás, a veces, demasiado.
El tiempo no lo podemos controlar ni mucho menos, pero al menos el que tenemos, debemos gestionarlo. Esa gestión hará que tu vida tenga momentos más o menos felices. Pero al fin y al cabo son momentos, ¿no?
Querer correr sin saber apenas caminar. Volar sin tener alas. Hablar sin saber el abecedario. Observar si saber mirar. Escuchar sin saber oír.
La rutina nos come por dentro, nos hace ver lo lógico de tus actos. Y sigue existiendo la pequeña posibilidad de no arriesgarse.
¿Y el origen de la espontaneidad? Más concretamente: ¿el miedo de ser espontáneo? ¿Nos asusta lo que los demás piensen de nosotros porque nos han visto hacer algo que está fuera de lo normal?
Pues siento pena por ellos. Siento pena por aquellas personas introvertidas que no dejan que los demás veamos como son.
Ahora, siento pena de mi mismo.
Nunca un 2+2 fue tan difícil de responder...
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