Salió sin decir nada. Absolutamente nada. Sólo un pequeño esbozo de una sonrisa próxima a llegar.
Había dormido bien, esa mañana se la sudaban tantas cosas: las clases que se había saltado, los apuntes, estudiar para los exámenes... Nada importaba esa mañana. Sólo llegar a su destino.
Empezó a fijarse en el rostro de las personas de su alrededor. Tenía tiempo. Le sobraba tiempo. Ojalá lo pudiera vender, ¡o incluso regalar!, porque hay gente a la que le vendría de perlas algo más de tiempo... La persona es tiempo. Lo llevamos dentro. Lo construimos. Y eso, acabará siendo historia....
Empezó a pensar. Todxs inexpresivos. ¿Tristes? ¿Melancólicos? ¿Alegres?. Difícil adivinarlo. Según él, existe algo absoluto que hace al ser humano un ser microscópico, como si su existencia fuera más efímera que un suspiro, que un guiño de ojos, que un soplido a las velas encendidas sobre un pastel, que los deseos pedidos y no cumplidos de miles y millones de estrellas fugaces...
Dicen que cuando sueñas con una persona determinada, significa que esa persona te echa de menos. Pongamos a esta sentencia no como verídica, sino también como cierta. ¿Me echa de menos el protagonista de una película de miedo? ¿Me echa de menos alguna persona con fama? ¿Me echa de menos una vida de "rock star" al más puro estilo de los 80's? ¿Me echa de menos mi vida? ¿Me echan de menos personas que estuvieron en mi vida a las que quise, a unas más y a otras menos; u otras que me imagino porque no puedo ponerles una "cara" o una mirada?
Preguntémonos, pues, si tanto han salido esas personas en nuestros sueños, ¿habremos salido alguna vez en el sueño de alguien? Y si fuera así, ¿sería real el que le echemos de menos?
No sabemos si eso es así, puesto que, nosotrxs, podemos decir si echamos en falta a alguien sin saber que hemos aparecido en un sueño que él ha podido tener un día al azar. Pero, entonces,
El caso es que, aún con todo esto, nuestro protagonista llegó a su destino. Era la hora acordada. 12:30. Ni rastro. Esperó. 12:35. 12:40. 12:45. Como siempre, llegó 15 minutos tarde. Bajó del coche, se colgó la mochila, al hombro, y cerró el coche. Entre ellxs había una tensión desde siempre. Esta vez era mayor, los dos lo sabían. Las circunstancias nunca fueron las idóneas. El tiempo dirá, algún día, quizás, si las habrá. Quietos, uno frente al otro, se quitaron las gafas de sol. Una mirada fija, casi parecía que podrían estar así el resto del tiempo, tiempo que ellos tenían para ellxs dos en ese momento: único y exclusivo.
Y a él, sólo se le ocurrió decir:
- Felicidades.
+ Gracias.
- ¿Qué tal todo?
Y bueno, el resto... es cosa vuestra.
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