Imagínese en la antigua Roma. Y con todo lo que ello conlleva, imagínese que es usted un ciudadano de clase media alta, que se puede permitir un carruaje tirado por dos caballos de carrera extraordinariamente entrenados para la vida urbana e incluso realizar viajes de largas distancias. Como si hoy en día fuera un Mercedes Clase C, por ejemplo. No nos salgamos de la línea establecida.
Imagine que, tras una dura jornada de temática política (¿No se lo había dicho? En la antigua Roma era bastante común que un ciudadano participara en la vida política de la ciudad...), vuelve a su villa. Ordena a sus esclavos que le hagan el almuerzo, y le preparen un baño con aguas termales, a una temperatura lo suficientemente caliente para disfrutar y lo suficientemente fría para no tener la sensación de calor transmitida por el agua.
Imagine a su mujer, la más hermosa en varias hectáreas a la redonda, según su criterio, claro. Tiene, como hobbie, tocar el arpa en su habitación y una especie de floristería en una de las calzadas romanas más transitadas de la ciudad. Es decir, falta pecuniaria (áureos, denarios, sestercios...) en su familia no existe. No es un problema.
Volvemos al segundo punto. La vida política se veía honorable, casi al igual que servir en el Ejército distribuido en múltiples y diferentes legiones....
Deje de imaginar. Deje de relativizar. Deje de soñar. Deje de ser quien NO es. Tire los sentimientos vividos a la basura. Hagamos visos a la actualidad.
Participar en la vida política se ha supeditado a lo peor de la sociedad, más incluso que ser un violador o un narcotraficante... Puesto que, tristemente, y en muchos casos, parecen hasta buenos los mencionados antes que un político.
La política actual da asco. No es política. No es un gobierno adecuado, bueno, que enorgullezca a la población.
Por eso me gusta. Y cada vez más.
Porque si una vez el hombre llegó a ir por buen camino, y ahora está perdido... Ahora es cuando me entran más ganas de inmiscuirme en el meollo del asunto.
Llámenme idealista, clásico, o incluso tonto. Pero creo en el cambio. Creo en una política que hubo, la que hizo a un gran Imperio caer.
Creo que se puede volver al buen camino.
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