Inspiro. Espiro. Inspiro. Espiro. Inspiro y expiro...
En ese último proceso, dejé mil cosas por hacer, mil cosas por desear, y solo una por soñar... ya en sueños cumplida. Y más de una vez. Miento, dos sucesos soñados. Contigo y con ella.
¿Que qué diferencia hay? Bueno, esto puede durar mucho... aunque a veces no está de menos resumir. Alguna vez mencioné que me gustaría que me besaras. Y se cumplió. Alguna vez mencioné que me encanta escuchar, y es algo que puedo evitar no hacer. Perdóname si tú fuiste la única con quien no lo hice cuando tuve, porque si no te sale, es que hay algo que no funciona, pero hay otra que tampoco puedo escuchar del todo ahora mismo. Y no será por ganas...
¿Escuchar el qué, dices? El sonido de un beso en mi mejilla, el olor de una sonrisa, el sabor de unos ojos, las caricias en tu pelo... o una canción que me recuerde a todo eso. Qué quieres que te diga que no sepas, a veces un libro me dice mucho más, un recuerdo tuyo en mi cabeza se transforma, se imagina un mundo paralelo en el que recuerde nuestros abrazos, mimos, risas,... Todos esos momentos que daban calor, más que una estrella, más que el Sol... Aunque hiciera frío y se acercara el invierno, o el otoño y su viento intentara separarnos, ese mundo siempre sería nuestro.
Qué quieres que te diga, yo seguiré mi camino, y quien me siga, yo soy el guía y a llevarlo nadie tiene permiso.
Y como he dicho antes, yo era el guía de mi camino, y aun expirado el momento, sigo siéndolo.
Nunca olvidaré y nunca me lamentaré, porque viviré mi vida.
sábado, 20 de octubre de 2012
jueves, 18 de octubre de 2012
Maldita suerte.
Va a suceder. Alguna vez te sentirás... yendo en globo. Otras, puede ser, que ni siquiera intentes ir andando. Y siendo tú, que soy el único que te conozco y que se que te resulta tan difícil dar el brazo a torcer... Mira por dónde, la suerte y las ganas que te imponga el cuerpo, te ofrecerán una salida. Escuchas atenta un punteo triste de tu acústica... y no puedes evitar intentar reprimir esa lágrima... esa lágrima que te sale siempre que piensas demasiado más allá que en tu mástil y tus dedos al componer...
La estela de la luz que dejó su presencia hipnotizó las penas de tu corazón, mientras que a través del cristal ves nevar... Fue duradero, y la tempestad también. No tenías palabras aquella mañana, pero tenías recuerdos. Llamaron a tu puerta, repetidas veces. Decidiste levantarte, pero arrastrabas los pies, intentando provocar que el suelo se abriera a tu paso, que la tierra te pudiera tragar en aquel preciso instante... Abriste. y ahí estaba, tú... y yo. Sonrisa contra tu ánimo. Desayunamos juntos. Empecé a soltar gilipolleces... y conseguí que sonrieras. No se cuál de ellas fue, pero ya diste un primer paso.
¿Y ahora? Mírate, toda una mujercita, que sabe con quién gastárselas mejor o peor. Estoy orgulloso de ti. Has mejorado en todo: en no correr, en caminar, en tus letras, en tus melodías, en tus estudios... En serio, estoy muy orgulloso de ti, a pesar de que la distancia que nos separa más días al año de lo que me gustaría... Pero bueno.
Acto seguido me diste un abrazo... y me susurraste al oído "Gracias"... Te devolví el abrazo, te apreté fuerte, y te di un beso en la mejilla. Recuerda que las princesas no lloran. Y menos las más guapas. Volviste a sonreír. Cómo sabías que me gustaba eso.
Me acompañaste a la estación, después de una tarde llena de visitas a la ciudad, fotos, tonterías... Te volví a abrazar... y me diste un beso. Sorprendidos, nos miramos. Sonreíste. Sonreí. Y me fuí, no sin dejarte una carta antes...
Cuando el viento sople a tu favor, no dejes que pare. Aunque tengas que seguir remando tú sola si no es lo suficientemente fuerte... Y recuerda. Yo estoy aquí... Y ahora más cerca que nunca.
¿La cruda realidad? Esto te importará más de lo que piensas y menos de lo que necesitas. En verdad, soy un adicto a nuestros momentos.
La estela de la luz que dejó su presencia hipnotizó las penas de tu corazón, mientras que a través del cristal ves nevar... Fue duradero, y la tempestad también. No tenías palabras aquella mañana, pero tenías recuerdos. Llamaron a tu puerta, repetidas veces. Decidiste levantarte, pero arrastrabas los pies, intentando provocar que el suelo se abriera a tu paso, que la tierra te pudiera tragar en aquel preciso instante... Abriste. y ahí estaba, tú... y yo. Sonrisa contra tu ánimo. Desayunamos juntos. Empecé a soltar gilipolleces... y conseguí que sonrieras. No se cuál de ellas fue, pero ya diste un primer paso.
¿Y ahora? Mírate, toda una mujercita, que sabe con quién gastárselas mejor o peor. Estoy orgulloso de ti. Has mejorado en todo: en no correr, en caminar, en tus letras, en tus melodías, en tus estudios... En serio, estoy muy orgulloso de ti, a pesar de que la distancia que nos separa más días al año de lo que me gustaría... Pero bueno.
Acto seguido me diste un abrazo... y me susurraste al oído "Gracias"... Te devolví el abrazo, te apreté fuerte, y te di un beso en la mejilla. Recuerda que las princesas no lloran. Y menos las más guapas. Volviste a sonreír. Cómo sabías que me gustaba eso.
Me acompañaste a la estación, después de una tarde llena de visitas a la ciudad, fotos, tonterías... Te volví a abrazar... y me diste un beso. Sorprendidos, nos miramos. Sonreíste. Sonreí. Y me fuí, no sin dejarte una carta antes...
Cuando el viento sople a tu favor, no dejes que pare. Aunque tengas que seguir remando tú sola si no es lo suficientemente fuerte... Y recuerda. Yo estoy aquí... Y ahora más cerca que nunca.
¿La cruda realidad? Esto te importará más de lo que piensas y menos de lo que necesitas. En verdad, soy un adicto a nuestros momentos.
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